En entrevista para el programa Naciones Para Cristo (NPC), el líder religioso, Carlos Cerrato, brindó su poderoso testimonio donde reveló cómo Dios lo rescató del mundo de las pandillas y lo llevó a dirigir el Ministerio Pasión por las Almas en Honduras.

¿Cómo fue su infancia?

Mis padres me rechazaron y no me reconocieron cuando nací como su hijo, por lo que fui creado por mi abuelita, donde ella me decía que era su hijo.

Ante esto emigré hacia Estados Unidos, porque todas las personas quieren soñar, yo era un hombre joven que venía golpeado, herido y destruido, pero yo quería ser un alguien, deseaba resaltar. Era necesario para mí llenar aquel vacío, pero lamentablemente llegué a un lugar equivocado donde están las pandillas porque el enemigo te abre las puertas anchas.

¿Qué actividades realizaba en las pandillas?

Empecé vendiendo drogas, el enemigo empezó a darme fama, dinero, inicié a tirar unas onzas de cocaína, dos onzas de cocaína, 5 onzas de cocaína y de allí tiraba un kilo de cocaína y no solamente la distribuía, sino que la usaba en mi nariz, yo empleada de la tapadera del baño, enrollaba 20 dólares y me la metía en mi nariz, una persona que se mete cocaína a esa magnitud mínimo tiene que tener unas 20 ó 30 cervezas. Entonces, yo me metía la cocaína y me tomaba 30 cervezas. Era una vida desordenada.

¿Sintió que el enemigo lo dominaba?

Una de las cosas que hace el enemigo es que te pide poder, para darte poder. Entonces, yo le entregué mi alma a Satanás, me brinqué las pandillas. Ando tatuado todo mi cuerpo. El diablo me hizo ver que yo era el dueño de la calle y comencé a tirar 3 kilos de cocaína, así ganaba 3 mil dólares, andaba con cadenas, andaba con carros, andaba con mujeres. Pero a pesar de que tenía dinero, a pesar de que tenía carro, vivía una vida vacía, una vida desordenada porque mi cuerpo me pedía más drogas, yo metiéndome más drogas dormía en las calles.

¿Qué debe hacer la iglesia con respecto a las personas que se encuentran en las pandillas?

Es importante que la iglesia no haga acepción de personas, amar lo que Dios ama, amar a la gente, tanto al rico, como al pobre, como al drogadicto, entre otros grupos históricamente excluidos.

Recuerdo que una vez quise buscar de Dios me metí a una iglesia, andaba un poco drogado, andaba borracho, pero yo en el interior sentía que quería acercarme a una iglesia, fui a una iglesia y solo se rieron de mí. No me pasaron adentro y me fui más decepcionado.

Lamentablemente, como yo me conocía el camino de jalar gente, me tiraban para Tijuana, me volvía a meter para los Ángeles California. La última vez que entré ya no me fui para los Ángeles, California, porque me andaba buscando la policía y me fui para Nueva York.

Cuando llego a Nueva York, yo quiero cambiar, todas las personas quieren cambiar, el problema es que no sabemos ¿Cómo cambiar? Hasta que nos encontramos con el verdadero propósito de nuestro Señor Jesucristo.

¿Cómo llegó Dios a su vida?

Cuando yo llego a Nueva York, quería cambiar, pero lamentablemente volvía a ser lo malo. Pero como allá no estaba tirando drogas hice 17 asaltos en una semana con una pistola. En el último asalto me agarró la policía y me sacaron todos los records de Los Ángeles, California y el oficial dijo “bingo” porque sabía que yo era un expandillero, drogadicto, borracho. Yo en ese momento tenía como 30 años.  Cuando me llevan a la policía me están dando 48 años de cárcel, entonces, yo me puse a sumar tengo 30 más 48, tendría 78 años, entonces en la cárcel dije “aquí voy a matar”, ¿para qué voy a querer vivir?

Yo no sabía que Dios tenía un propósito conmigo, Él que me había diseñado, marcado. Dios en su misericordia me rescató. Hay tres formas en que Dios llama al hombre, revelación, trituración e iluminación. De una manera u otra Dios me tenía que triturar, me tenía que jalar porque dice la Palabra que él no desea la muerte del impío. Entonces, estoy preso en el pecado, preso en una cárcel de Nueva York y me están dando 48 años de cárcel. 

Yo maldecía a mi madre… que para qué me había parido. Cuando una persona está dañada, está herida le echa la culpa a todo el mundo. Pero era mi cuenta, era mi propia maldad, mi propio pecado que me habían llevado a ese lugar, mis propias decisiones. Pero dice la Palabra que donde abunda la gracia, sobreabunda la gracia de Dios, por lo que fui liberado antes de tiempo y ahora soy pastor.

 

Por: Alberto Cabezas 

Diario La Voz de Goicochea