Conforme los alimentos se mueven a través del intestino delgado, el agua facilita muchas de las actividades digestivas:

  • Las secreciones más acuosas se envían al intestino delgado desde el revestimiento intestinal, así como del páncreas y el hígado.
  • Las enzimas trabajan para acelerar los procesos químicos y ayudan a preparar la absorción de los productos finales de la digestión: aminoácidos de las proteínas, ácidos grasos de las grasas y moléculas de azúcar individuales de los carbohidratos que consumes.
  • La mayor absorción de nutrientes se lleva a cabo en el intestino delgado, y después los nutrientes digeridos pasan al ambiente acuoso del torrente sanguíneo.

Mientras el proceso digestivo continúa en el intestino grueso, el agua también es muy importante:

  • Las fibras solubles que consumes (de alimentos como la avena, los frijoles y la cebada) se disuelven en agua, lo que les permite hincharse y obtener más volumen.
  • La fibra insoluble que consumes (de alimentos como los granos enteros y la mayoría de los vegetales) tiende a atrapar y atraer el agua, en lugar de absorberla, lo que ayuda a mejorar los movimientos intestinales regulares.
  • El intestino inferior es también el lugar en el que el cuerpo absorbe la mayoría de los minerales que consumes, y el ambiente acuoso ahí facilita su absorción.

No hay duda de que una digestión saludable depende del consumo de la fibra adecuada (aunque los probióticos también son una buena idea). El ejercicio también es importante, al mover los músculos del esqueleto durante el ejercicio, estás estimulando los músculos lisos del tracto digestivo, lo que ayuda a mejorar su equilibrio. Pero no olvides lo más sencillo y básico de todo, asegúrate de consumir suficientes líquidos cada día para que tu sistema funcione correctamente.