La escena de su mar cristalino y reluciente, sus playas de arena blanca, la vegetación tropical del Caribe hondureño que le sirve de cordón y guardián, empaquetan con sus construcciones afroantillanas un paraíso en la isla de Roatán. La naturaleza la hace mágica.

Llena de turistas que recorren sus playas cargados de ilusiones y contemplativos con su espectacular paisaje marino que nos aterrizan en un lugar fantástico, que tuve por años como referencia de mis amigos del fútbol catracho. Roatán es su tesoro.

Salí de Costa Rica por vía aérea a San Pedro Sula. El plan había arrancado meses atrás con mis queridos amigos, los periodistas deportivos hondureños que por años destellaban sus miradas al hablarme de su querida Roatán, como el recordado Diógenes Cruz García. Con Jesús Vélez a la cabeza del proyecto y Rigoberto Rivera apoyándome inicié.

Mi amigo y hermano catracho Jesús, hasta me puso en contacto con Emilio Silvestri, el Ministro de Turismo de Honduras y todo se facilitó.

Rumbo a La  Ceiba

Me había pasado varios días leyendo sobre cómo llegar a Roatán, lo podía hacer vía aérea desde San Pedro Sula o con una escala desde San Salvador, pero decidí llegar a San Pedro en avión y luego más aventura. Con la ayuda de Rivera nos fuimos a la central de buses y emprendí el viaje con Viana, pleno confort por dos horas y media por la planicie de la zona norte hondureña con su vegetación caribeña acompañándome hasta La Ceiba.

El fútbol seguía jugándome a favor. Un colega hondureño que recibí a finales de los noventa en San José, supo de mi arribo y de mi esposa, nos esperaba en su tierra. Con Mundo Mejía en su cancha fue una tarde y noche de presentarme lo mejor de su tierra, que a mi me llegaba por el El Vida, el legendario club de la ciudad.

Me sorprendió y agradó La Ceiba, grande y amplia. Una cena con Mundo frente a la playa y luego descansar en el hotel Las Hamacas, que lo había contratado por Booking. Acerté en la elección por comodidad y precio.

En ferry a Roatán

Por $32 cada uno por el tiquete íbamos en el ferry Galaxy para ese encuentro con la isla que por tantos años había deseado. A todos nos daban bolsas como prevención en caso de necesitarlas y ya sabe para qué.

Lo sentí exagerado para el recorrido de 48 kilómetros en el moderno barco por una hora y treinta minutos. Pero no fue así. Se navega contra corriente, rápidamente me dí cuenta que no quería usar la bolsa. Me concentré en la línea recta del mar ante los saltos y bajadas,  intenté ignorarlo, en un momento casi claudico pero logré superarlo.

Aquí está el paraíso

Arribamos al puerto. Un enorme barco crucero repleto de canadienses estaba anclado allí. Pusimos pies en tierra y tras unas presas por arreglo de la carretera que están renovándola con carpeta de cemento, llegamos unos 45 minutos después al Hotel Mayan Princees Resort, dónde nos recibía Antonio Moncada.

Hotel maravilloso, áreas verdes,piscinas,amplias y relajantes habitaciones. Después disfrutaríamos de la deliciosa comida y atención del Hotel Mayan Princess, que nos dejaba a pocos pasos de la formidable playa de arena blanca.

Turistas, vacaciones, muchos de ellos canadienses y estadounidenses. Ambiente festivo. Y esa escena que queda impresa en mis ojos hasta el fondo del alma. Casi les escribo con los ojos cerrados. A la izquierda camino frente a la playa llena de gente, los wáter taxi que ofrecen sus servicios para ir al West End, el centro más urbano de Roatán . Pero nosotros estamos en West Bay, la mejor parte de la playa.

Camino para sentir. A la izquierda los hoteles y restaurantes  que se asoman a la playa hasta el final de West Bay. La arena es fina, ni una sola piedra para andar y en el extremo un encuentro natural único. Darle de comer tortillas a los peces que me siguen y nos siguen. A cualquiera que les demos. Nunca había vivido algo así.

En West Bay al otro lado. Del magnífico Hotel Princess de Roatán a la derecha, más magia, caminando sobre la arena blanca. Se bordea el mar y se pasa por el medio de edificaciones afroantillanas construidas sobre pilotes que hacer recordar el pasado de la colonización inglesa. Incluso hasta una vieja estatua de un pirata deja su sello.

Nos encontramos un puente peatonal pero en la playa.Hay que subirlo y pasarlo para continuar hacia West End. Son días y noche maravillosas en Roatán.Se remata allí en la noches en los bares o una discoteca como Agora, bien animada y magnífica música, que me recordó Coco Bongo, en Punta Cana, República Dominicana. No soy tan bailarín, pero si fiestero.

Las partidas son nostálgicas. Un aeropuerto pegado a la playa nos despide, el asombroso buque Crucero sigue allí y nosotros nos vamos, mientras en las playas de arena blanca se renueva el ciclo, los turistas y la gente que se llenan de alegría, relajando su alma con la única magia de Roatán.  

Datos de Roatán 

El departamento de Las Islas de la Bahía conforma el archipiélago comprendido por las islas de Roatán, Útila, Guanaja, y numerosos islotes y cayos, que estuvieron habitados originalmente al principio por los mayas, posteriormente por los payas, en el siglo XVI las tomaron los conquistadores españoles que también traían a esclavos africanos.

Pero las mencionadas islas y principalmente Roatán tuvo una agitada historia, pues en el siglo XVII la isla fue invadida por los ingleses, el 2 de marzo de 1782 . Siguió la lucha entre españoles y británicos , estos finalmente prevalecieron hasta el 21 de abril de 1861, cuando definitivamente el  Reino Unido mediante un tratado se lo dejó definitivamente a Honduras.

 

La isla de Roatán a 30 millas de la costa caribeña de Honduras es de 125 kilómetros cuadrados,60 kilómetros de largo y ocho kilómetros de ancho está poblada en un 10 % por unos 20 mil habitantes , el 90 % restante es zona selvática. Los canales entre los manglares, que unen las distintas poblaciones.

Se puede llegar vía aérea o marítima. En la isla hay todas las facilidades e incluso rentar carros, hay un buen desarrollo turístico, conexión de internet y una gran oferta de hoteles, tanto en West End, cuyos precios son más cómodos, pero la mejor playaestá  en West Bay, dónde hay una varieda oferta de hospedaje y para alimentación. Yo recomiendo para relajarse estar allí y en las noches irse en un taxi al primer sitio.

Roatán con sus impresionantes playas de arena blanca, exhuberante vegetación, aguas calmas y cristalinas que permiten ver los peces, especialmente en West Bay, donde se les puede alimentar y puede tener a la par de compañía, generan un imán turístico.

El diario New York Times distinguió a Roatán con el puesto número 30 de los 53 lugares a visitar en todo el mundo.

 

Tomado de Everardo Herrera

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